‘Scream’ (T1): La ridícula seriedad del slasher

Las dos tendencias más exitosas de la ficción televisiva actual son el formato de antología, por el que han optado productos como American Horror Story o True Detective, y la adaptación de películas, como estamos viendo con Minority Report o Fargo. Quizás esto demuestre que el mercado necesita reinventarse cada vez más rápido y, a su vez, que está empezando a recurrir a fuentes de inspiración más seguras, a falta de una cantidad suficiente de ideas originales (como, en su día, ocurrió con el cine).
scream
Pero, antes de ponernos catastrofistas, vale la pena decir que, en general, la mayoría de propuestas de las cadenas mantienen unos niveles de calidad más que aceptables y que, por tanto, es pronto para decir que está llegando el fin de la nueva edad de oro de la televisión. Desgraciadamente, Scream: The TV Series es una de esas malas excepciones que nos hacen temer lo peor.
De entrada, reconozcámoslo, resulta difícil adaptar un slasher a un formato fragmentado en episodios. El género, en sí mismo, requiere de muertes constantes y avanza deprisa. Si no hay los suficientes asesinatos, el público se aburre. Y ninguna historia es tan coral como para aguantar durante diez capítulos, mantener el ritmo de víctimas y no quedarse sin personajes.
La solución por la que se ha optado aquí consiste en añadir una trama de misterio que toma como referentes otras películas como El hombre elefante (1980) o Viernes 13 (1980). Desgraciadamente, esta idea aleja el argumento del tono y la filosofía del Scream original, llevándola a parecerse más, precisamente, a esos filmes de adolescentes de los que trataba de burlarse.

La falta de sentido del humor

Es evidente que a esta versión televisiva de la saga del desparecido Wes Craven le falta sentido del humor. La franquicia, originalmente, proponía un juego al estilo de las novelas de Agatha Christie al mismo tiempo que se burlaba los tópicos del cine de terror juvenil de los años ochenta y todos sus tópicos. Por alguna razón, aquí, ese espíritu paródico ha desaparecido completamente, empezando por el diseño de la máscara que resulta ridículamente serio.
Solamente algunas referencias metalingüísticas sobreviven de lo que, en esencia, se supone que era de lo que trataba este universo. Tampoco no es que se tratara de un hallazgo sin precedentes pero, por lo menos, tenía su gracia. Ahora, faltan personajes con carisma (no nos importan nada si viven o mueren los que nos presentan) y falta originalidad e ingenio en los ataques del psycho-killer y los torpes giros de guión. Pero, sobre todo, falta ironía e inteligencia. Las cintas de Craven no eran obras maestras pero tenían la virtud de saber no tomarse en serio a sí mismas.
PUBLICADO EN: El Cotidiano
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